
El propio jardín actual ya tuvo
muchos problemas con algún vecino por molestias ocasionadas en su día por la
Feria de las Naciones. Parece que ya a esos vecinos le molestaba que el parque
fuera un lugar lleno de actividades y pretendían mejor un jardín vacio y sin
uso, en un modelo urbanístico que se tiene comprobado que es un fracaso.
Pero el Prado es algo más que los
jardines. Es un centro neurálgico de transporte (hoy día con el metro y el
tranvía) y un centro clave en la Administración de Justicia con la mayor parte
de las sedes judiciales allí ubicadas. Precisamente esta centralidad fue la que
llevo a la alcaldesa Soledad Becerril a plantear allí la ubicación de un gran
edificio administrativo del propio Ayuntamiento, encargándole al prestigioso
Rafael Moneo su diseño.
Pero en 1999 contra todo pronóstico
y frente a un mediático Rojas Marcos y una alcaldesa ejerciente como Soledad
Becerril, salió elegido alcalde Alfredo Sanchez Monteseirin. El socialista, tal
y como había comprometido en su campaña electoral, desautorizo el edificio de Rafael
Moneo por razones económicas y ahí volvió a la palestra la maldición del Prado
de San Sebastián. Tras todo tipo de negociaciones, tensiones y recursos, el
edificio de Moneo no se hizo y el solar aun sigue esperando un uso de servicio público.
Ha sido muchos años después
cuando el entorno ha vuelto a primera línea de actualidad con el fallido
intento de construcción de la biblioteca central de la Universidad. El gobierno
de Monteseirin vio como los tribunales de Justicia, de forma inverosímil, daban
la razón a unos vecinos que se oponían a una biblioteca pública en sus
jardines. Y más aun, obligaban a derruirla e incluso a anular el aparcamiento
ya terminado.
La decisión judicial hay que
acatarla pero no hay más remedio que discrepar. El edificio que iba a
levantarse allí había sido diseñado por Zaha Hadid, un auténtico genio de la
arquitectura contemporánea que aun debe andar preguntándose como en pleno siglo
XXI un jueves destruye una biblioteca pública en unos jardines públicos porque
a los vecinos (muy pocos) les perjudica la vista del parque. A mí me suena a
excusa barata. La Justicia en este caso no se ha guiado ni por el sentido común
ni por la máxima del interés general y
ha permitido el interés particular de unos señores a los que les molesta una
biblioteca pública. La noticia que ha trascendido de nuestras fronteras no
puede cuanto menos que calificarse de
tercermundista.
Una ciudad que es capaz de
derribar una biblioteca sí que debería ser cuestionada como patrimonio de la
humanidad. Y no por la construcción de un complejo urbanístico rematado por la
Torre Pelli y que servirá para internacionalizar mas a la capital de Andalucía.
Se ha hecho mucha demagogia con
la biblioteca de la Universidad y se ha querido ver como un atentado
urbanístico cuando realmente es un atentado a la cultura y al civismo.
El propio presidente de la CES,
Miguel Rus, ha comentado alguna vez ante un grupo de periodistas no entender
como empresario que se destruya el parking subterráneo construido en el Prado
con la necesidad de aparcamiento que hay en la zona.
Cuando creíamos que con la
destrucción de la biblioteca culminaría la maldición del Prado de San Sebastián
nos llega otra noticia que mantiene la leyenda de lugar maldito. El
Ayuntamiento pretende cerrar la estación de autobuses por baja rentabilidad. Y
de nuevo el Prado a la palestra informativa por un asunto urbanístico. Tres
edificios. Dos fallidos y uno que se quedará sin uso. ¿Qué maldición tendrá
este lugar?
Ahora surge el debate de qué
hacer con la vieja estación, que por cierto cada día esta más decadente y con más
sensación de abandono y vejez.
Ya se ha apresurado el decano del
Colegio de Abogados, el letrado José Joaquin Gallardo, a indicar que sería un
buen edificio para tener en cuenta en la creación de la ciudad de la Justicia.
Debe haber viajado poco en autobús porque no conoce bien lo poco funcional que sería
este edificio para ese uso. Traería mas cuenta hacer un edificio nuevo que
remodelar ese. Seguro que saldría más barato.
Por su parte el grupo municipal
socialista ha propuesto que siga abierta como lugar de estacionamiento de buses
turísticos y no sería mala idea. La terminal del Prado para el turismo en vez
del aparcamiento de autobuses de Palos de la Frontera. De esta forma se podrían
potenciar muchas cosas. De momento el paseo por los jardines hasta la Plaza de
España y por supuesto si se llega a un acuerdo con Tussam se podría usar el
tranvía para meter de lleno a los turistas que dejen allí su autobús en pleno
centro histórico.
Lo que de momento parece seguro
es que este edificio ya construido no se demolerá. Entre otras cosas porque
está catalogado y está reconocido como de merito en la arquitectura industrial
de la ciudad.
Es curioso. En poco más de un año
hemos pasado de una ciudad con fuerte apuesta por la peatonalización y la
calidad de vida de las personas a una ciudad que derriba bibliotecas. Monteseirin
hablaba de ciudad de las personas y Zoido de talento. Uno peatonalizo el casco
histórico y lugares comerciales para beneficio ciudadano e impulso una gran
biblioteca de la Universidad. El otro, el del talento, ha estado más cerca de
los vecinos que derriban bibliotecas que de la Universidad. No veo mucho
talento ahí desde luego. De un modelo de ciudad a otro casi sin bajarnos del
autobús. Aunque con la maldición del Prado cualquiera se baja del autobús en
esa estación. Porque lo más seguro que después no tenga como volver si la
cierran por derribo de negocio.
Esperemos que la estación de
autobuses acabe cerrando el ciclo de la maldición del Prado. Un enclave que
solo ha sido útil para la ciudad cuando estaba allí la Feria. Eso lo dice todo.
Por cierto, que lo de la maldición no tiene nada que ver con que aquello fuera
un cementerio hace muchos años. Es por si lo habían pensado los amantes del
misterio.